Gemini ha dicho
El Umbral del Edén
Fue entre anuncios de empleos administrativos y ventas por comisión donde un pequeño recuadro en el periódico local capturó su atención: "Se busca mesera. Excelente presentación. Discreción y ambiente exclusivo. Informes vía WhatsApp".
Sara apretó el celular contra su pecho, sintiendo el peso de su alianza matrimonial mientras guardaba el contacto. Había algo en la palabra "discreción" que encendía una chispa de nerviosismo y libertad que no se atrevía a confesar. Tras dudarlo unos minutos, desbloqueó la pantalla; sabía que ese mensaje era el primer paso para cruzar una frontera donde su matrimonio dejaría de ser un espacio de dos.
Abrió el chat, vio la foto de perfil de un logotipo elegante bajo luces de neón y escribió:
Capitulo 1 El trabajo perfecto
Sara Hola, vi su anuncio de mesera. Me interesa el puesto, ¿podría darme más detalles sobre el horario y el sueldo base?
Ricardo Hola, Sara. Antes de darte detalles, tengo que ser claro. El bar se llama 'El Edén'. ¿Conoces algo sobre nuestro tipo de ambiente o clientela?
Sara No, en realidad no, Ricardo. Solo vi que buscaban meseras.
Ricardo Bien. Somos un club de caballeros. Las bailarinas son el plato fuerte, y las meseras son tratadas con mucha atención, si entiendes lo que quiero decir. Aquí los hombres vienen a desinhibirse. El ambiente es elegante, pero la atmósfera es de lujo y lujuria.
Ricardo Las propinas son excelentes, pero tienes que estar preparada para miradas descaradas, piropos muy explícitos y, ocasionalmente, manos que se acercan demasiado. Es un trabajo para una mujer que está cómoda siendo el centro de la fantasía de otros. Sabiendo esto, ¿aún quieres la información?
Sara (Escribiendo con el corazón acelerado, una emoción nueva) Sí. Me interesa mucho. Por favor, pase los detalles.
Ricardo Esa es la actitud. El horario es de 8 p.m. a 3 a.m. El sueldo base es de 2500, más propinas que fácilmente triplican eso. Ahora, la siguiente etapa. Para ver si tienes el físico que buscamos para el uniforme, envíame una foto reciente tuya.
Sara ¿Una foto? ¿Necesita una foto de cuerpo completo?
Ricardo Necesito una foto que me muestre que puedes llevar bien nuestro uniforme. Ponte algo ajustado, un vestido que sepa dónde están tus mejores atributos. Hazme saber que tienes presencia, Sara.
Sara (Dudando, pero la orden descarada le provoca un escalofrío de excitación. Va a su armario, se pone un vestido negro ajustado que rara vez usa y se toma una foto sin mostrar la cara, enviándola rápidamente antes de arrepentirse)
Ricardo (Respuesta inmediata) ¡Magnífica! Tienes el perfil perfecto. Te espero mañana a las 6 p.m. para la entrevista personal. Y por favor, ven vestida con ese mismo vestido .Quiero asegurarme de que sabes lucirlo. Pide por Ricardo.
Sara Entiendo, pero no puedo usar ese vestido en la calle. Soy casada, Ricardo, y tengo familia. Si voy así, mi esposo lo notará. ¿No puedo usar algo diferente?
Ricardo (Contesta con sarcasmo descarado) Vaya. Me temo que el trabajo aquí, con todo lo que implica, te va a quedar grande, Sara. Las mujeres que trabajan aquí son libres. Pero si tu esposo no puede verte en ese vestido, entonces quítatelo justo antes de llegar. Mañana a las 6 p.m. Te espero.
Sara (Respira profundamente, el desafío la excita aún más, ignora la advertencia y responde con decisión) De acuerdo, Ricardo. Allí estaré. Puntual.
Capitulo 2 La confesión
Sara (Se sienta junto a Javier en el sofá, abrazándolo) Mi amor, tengo que contarte algo... Hablé con el dueño del bar y conseguí una entrevista.
Javier ¿Ves? Te dije que eres la mejor. ¿Cuándo es?
Sara Mañana a las seis. Pero... el bar no es un lugar cualquiera. Es un club de caballeros. El dueño, Ricardo, me dejó claro que es un lugar con bailarinas y que los clientes son... muy atrevidos. Dice que tengo que estar lista para miradas, piropos y hasta tocamientos.
Javier (Se aleja un poco, su tono es serio) ¡Sara! ¿Y aceptaste? ¡No tienes por qué ir! No necesito que te expongas a eso. Te lo prohíbo.
Sara No me lo prohíbas, Javier. Yo sé dónde me meto. Y te confieso que, aunque me asusta, también... me pica la curiosidad. Me atrae la idea de ese desafío, de sentirme deseada por otros, aunque solo sean fantasías. Además, quiero mi independencia.
Javier (Suspira, viéndola luchar con esa nueva emoción) Pero... ¿qué esperan que uses para la entrevista? ¿Faldas cortas, tacones?
Sara Peor. Me pidió una foto para ver mi físico, y le envié la que me tomé con mi vestido negro ajustado... el que te gusta a ti, Mira.
Javier (Su tono cambia, la tensión se mezcla con la excitación) ¿Le enviaste esa foto? ¿Y qué dijo?
Sara Me dijo que es perfecta... y que quiere que vaya vestida con ese mismo vestido a la entrevista. Le dije que no podía usarlo en la calle, que soy casada, que tú lo notarías... y me contestó descaradamente que si me asustaba por eso, el trabajo me quedaría grande.
Javier (La agarra firmemente de la mano) No me gusta ni un poco. Pero si quieres la entrevista, yo te llevo. Vete vestida con ese vestido. Te recojo en la puerta del bar y te espero cerca. No voy a permitir que andes en ese vestido por la calle para que otros te miren. Yo te cuido la espalda, ¿entendido?
Sara (Se lanza a besarlo, emocionada) Eres el mejor. Gracias, mi amor. Mañana mismo te demuestro que voy por el trabajo, y no por las tonterías de ese hombre.
Capitulo 3 El día de la entrevista
Sara(Entra, visiblemente nerviosa pero manteniendo una postura firme) Buenas tardes, Ricardo. Aquí estoy.
Ricardo (Está sentado detrás del escritorio, mirándola fijamente desde que cruza el umbral. Sus ojos recorren el vestido lentamente, disfrutando de su incomodidad y de su belleza) Sara. Entraste. Me alegro de que hayas podido vestirte adecuadamente. Eres exactamente lo que la foto prometía. Siéntate... no, espera. Quédate justo ahí.
Sara (Se detiene, sintiéndose expuesta, pero la mirada de Ricardo le provoca un hormigueo) ¿Qué pasa?
Ricardo Quiero ver el material con el que vamos a trabajar. Date una vuelta, Sara. Lento. Como si estuvieras en el escenario. Muéstrame cómo se ve el vestido desde atrás. Y desde los lados. Sara se ruboriza. El descaro de Ricardo es total, pero la adrenalina del desafío es más fuerte. Obedece, dando una vuelta lenta, sintiendo cómo el ajustado vestido resalta cada curva bajo la intensa y descarada mirada de Ricardo.
Ricardo (Sonríe ampliamente, frotándose la barbilla) Magnífico. Mírate bien. El 90% del trabajo de mesera aquí es este, ¿sabes? Saber ser mirada. Eres demasiado para solo servir tragos.
Sara (Se detiene, mirando a Ricardo directamente) Solo vengo a trabajar, Ricardo. A servir tragos y a ganar dinero. Demostré que puedo ponerme el uniforme. Ahora, dígame, ¿cuáles son mis responsabilidades exactas?
Ricardo Me gusta tu actitud, Sara. Y tu cuerpo. Tendrás que lidiar con proposiciones indecentes, pero si a ti te gusta un poco de... atención, mientras sirves, eres bienvenida a usar eso a tu favor. Te doy el puesto. Mañana mismo, a las ocho, empezamos. Por cierto...
Ricardo (Se levanta lentamente, rodeando el escritorio. Toma una bolsa del suelo) Este es el uniforme que usarás. Es mucho más corto que ese vestido. Te lo puedes probar para mí ahora mismo. Quiero ver cómo te queda antes de que salgas al ruedo. Tómate tu tiempo.
Sara (Duda un momento. La idea es totalmente inapropiada, pero el morbo que Ricardo le provoca, la curiosidad de hasta dónde puede llegar, la convence) De acuerdo, Ricardo. ¿Dónde me cambio?
Ricardo Ahí mismo. Gírate. Estaré aquí esperándote. Te prometo que nadie va a entrar. Sara se gira. Con las manos temblándole, se quita el vestido. Saca el uniforme de la bolsa: un mini-vestido de encaje y lycra extremadamente corto. Se lo pone rápidamente. Vuelve a girar hacia Ricardo, sintiéndose poderosa y expuesta.
Sara (Con el nuevo uniforme puesto) Ya estoy lista. ¿Qué le parece?
Ricardo (Silba, sus ojos son llamas. Se dirige a un mueble con botellas) Perfecta. Ahora, sírveme un trago, Sara. Para celebrar. En esa repisa hay un vaso. Tráeme el whisky.
Sara (La curiosidad la domina. Toma la botella y el vaso, le sirve el trago con pulso firme y se lo extiende) Aquí tiene.
Ricardo (Toma el vaso. Sara se da la vuelta para dejar la botella en su sitio. En ese instante, Ricardo desliza la mano y le da una palmada firme y sonora en el trasero con una sonrisa) Gracias, Sara.
Sara (Se sobresalta, pero se detiene. En lugar de enojarse, una sonrisa atrevida y llena de adrenalina le curva los labios. Voltea lentamente hacia él) ¿Se le ofrece algo más, señor?
Ricardo (Bebe un trago de whisky, sus ojos brillan) No. Eres perfecta. Has pasado la prueba. Te veo mañana a las ocho.
Capitulo 4 De vuelta a casa
Javier(Le da un beso rápido y arranca el coche) ¿Y bien? ¿Cómo te fue? ¿Te dieron el trabajo esos buitres?
Sara(Respira hondo, liberando una risa nerviosa. Se abrocha el cinturón, su cuerpo todavía siente el calor de la oficina de Ricardo) Sí, sí lo conseguí. Empiezo mañana a las ocho. Y... Javier, tienes que ver el uniforme.
Javier ¿Tan corto es como dijiste? ¿Te lo probaste?
Sara Sí, lo hice. Es... obsceno. (Se ríe) Una tela mínima, muy ajustada. Sentí que se me veía todo. Pero a la vez... no sé cómo explicarlo, me sentí increíble. Juro que jamás me había sentido tan sexy como en esa oficina, solo para él.
Javier (Siente el cambio de energía en ella, se excita visiblemente) Te creo. Estás radiante ahora mismo. Te imagino con esa tela. ¿Sabes qué? Yo debería tener mi propio 'Edén' privado.
Sara (Bromeando con una sonrisa) Jaja, claro. Pide mi uniforme para usarlo en casa. ¿Te atreverías a verme así, amor? ¿Ver a tu esposa vestida para servir a otros?
Javier No solo me atrevería. Te lo exigiría. Y solo servirías un trago: a mí. (Le toca la rodilla por encima de la tela) Solo un trago, y luego me dedicaría a desvestirte lentamente.
Sara Qué atrevido eres, Javier. (Gira la cabeza hacia la ventanilla, su sonrisa se borra levemente mientras recuerda la nalgada, pero decide no decir nada. La excitación de ese secreto la abruma) Solo un trago, mi amor. Solo un trago...
Javier ¿Qué pasa? Te quedaste callada. ¿Te intimidó el jefe?
Sara No. Solo que... estoy emocionada. Y algo nerviosa por mañana. Es un mundo completamente nuevo.
Javier Estarás bien. Recuerda, vas por la independencia. Y yo soy el único que te va a desvestir al final de la noche. ¿Me prometes eso?
Sara (Lo mira a los ojos, recuperando su sonrisa) Prometido. Soy solo tuya. Y mañana veré cómo son de atrevidos esos clientes.
Capitulo 5 El primer día de mesera
Sara (Entra en la oficina, el uniforme minúsculo resalta sus curvas. Su voz es más segura que en la entrevista) Buenas noches, Ricardo. Lista para mi primer turno.
Ricardo (Levanta la mirada del papeleo, con una sonrisa lenta y evaluadora) Es tarde. Por un momento pensé que te habías arrepentido y que la fantasía de ser señora decente te había ganado.
Sara (Se apoya con una mano en el marco de la puerta, con voz picara y tentadora) No, Ricardo. La señora decente se quedó en casa. La que está aquí... está lista para trabajar. Mis clientes me esperan. ¿Dónde está mi charola?
Ricardo Esa es la actitud. Ve a la barra. Te presento al barman. Y Sara... (La mira directamente a los ojos, con una advertencia en el tono) Diviértete. Pero recuerda: tú sirves los tragos, no los tomas.
Sara Entendido.
Sara se mueve entre las mesas, con la falda del uniforme apenas cubriendo lo necesario. Cada paso es un acto de exhibición. Los ojos la siguen, desnudándola, y ella lucha por mantener la compostura, aunque el morbo le está ganando.
Cliente (Mesa 3) (Le da una palmada en la mesa) ¡Oye, guerita! Por fin te encuentro. Me traes otro de estos, y uno igual para mi amigo. Pero que no te tome la vida, ese cuerpo se ve mejor en movimiento.
Sara (Fuerza una sonrisa profesional, ignorando el tono) Enseguida, señor. Dos whiskys.Sara regresa con los tragos. El cliente A la detiene. Espera, espera. Mírate, Sara. (Lee su nombre en el gafete, con la voz baja) Eres mucho más que la chica de los tragos. ¿Ya te dijeron lo bien que te ves en ese uniforme?
Sara (Sirve los tragos, se inclina un poco más de lo necesario) Solo me importa lo bien que usted se sienta. ¿Necesita algo más?
Cliente Sí. Necesito un baile. Un baile de verdad. Ven. No seas tímida. Yo invito a una pieza.
El cliente se levanta y la toma suavemente de la mano, invitándola a un pequeño espacio cerca de su reservado. Sara mira a su alrededor, su corazón palpita. Piensa: Solo una canción. Con mi ropa. Nadie se dará cuenta.
Sara (Se muerde el labio. Mira al cliente a los ojos, sintiendo la euforia de la transgresión) Solo una canción. Y luego, vuelvo al trabajo.
El cliente pone un billete grande en su escote, la abraza por la cintura y la obliga a bailar pegada a él. Sara se deja llevar, sintiendo el cuerpo del extraño, la mirada de otros hombres y la emoción de la música. Es un baile lento y sensual que la deja temblando al terminar.
Capitulo 6 El comienzo de algo nuevo
Javier (Con la voz baja y fascinada) Regresaste de tu primer día en el nido de lobos. Cuéntame, Sara. ¿Salió algún atrevido?
Sara (Gira lentamente, sonriendo con una expresión pícara y cansada. Su voz es más sensual) Uf. Sí. Mucho más de lo que imaginé. Las miradas... son constantes. Te miran, te desnudan, te tratan como si fueras un objeto valioso que quieren comprar.
Javier(Se incorpora, apoyándose en un codo) ¿Y qué hacías tú? ¿Los ignorabas?
Sara Al principio, sí. Pero luego... (Se acerca a la cama y se sienta junto a él, acariciando su pierna) Luego empecé a jugar. Les servía el trago, me inclinaba un poco, les regalaba una sonrisa. Uno me dijo que mis piernas eran un crimen en ese uniforme. Otro me dejó una propina enorme solo por ver mi cara.
Javier¿Y la nalgada de Ricardo? ¿Hubo más tocamientos?
Sara (Se tensa un instante, recordando la nalgada y el roce del baile, pero lo enmascara) Nada. Me cuidé mucho. Solo piropos y proposiciones, ya sabes. El único que se atrevió fue mi jefe en la entrevista, pero eso fue parte de su... prueba.
Javier (La mira de cerca, detectando su excitación) No me convences. Estás vibrando ahora mismo. ¿Te gustó, verdad? Que esos extraños te desearan tanto.
Sara (Lo mira a los ojos, con sinceridad parcial) Me encantó. Sí. Me sentí... nueva. Soy tu esposa, la madre de nuestros hijos, y para ellos... soy solo una fantasía. Es un veneno delicioso, Javier. Pero solo contigo puedo hablar de esto. Solo tú sabes dónde estuve.
Javier (La toma de la cintura, su excitación aumenta) Pues la señora que me trajeron a casa... es mucho más sexy que la que se fue esta mañana. Te doy permiso de seguir jugando con ellos. Pero recuerda la regla.
Sara La recuerdo. Y ahora mismo... necesito que me recuerdes que solo soy tuya.
Capitulo 7 Sara se desinhibe
Javier (Abre la puerta del dormitorio con una sonrisa) Hola, ¿cómo le fue hoy a mi 'Mesera Sexy'? Creo que ese sería un gran nombre para una bailarina, ¿no crees? Tendrías a todos los clientes a tus pies.
Sara (Ríe, quitándose los tacones con prisa) Javier, no digas tonterías. Apenas puedo con el peso de la charola. Aunque... me gusta el nombre. 'La Mesera Sexy', podría funcionar... Por cierto, te quería contar sobre eso.
Sara (Deja la broma de lado y se acerca a Javier con urgencia. Se sienta a horcajadas sobre su regazo, su voz es un susurro lleno de excitación) Javier... te tengo que confesar algo. Algo que me está volviendo loca. El trabajo... no es un trabajo. Es una adicción.
Javier (Le acaricia la espalda, sintiendo la intensidad de su deseo) ¿Qué pasa, mi amor? ¿Ricardo te puso a prueba otra vez?
Sara No. Son los clientes. Hoy fue... peor. O mejor. Mucho más contacto físico. Un hombre me detuvo y me obligó a bailar pegada a él con la música. Sentí sus manos, la mirada de los demás... y me gustó. ¡Me gustó demasiado!
Sara (Se inclina y le besa el cuello con desesperación) Ese morbo, la sensación de estar a un paso del límite, me está volviendo loca. Ya no me basta con servirles tragos. Ya no quiero ser solo la mesera.
Javier (Su expresión se tensa, pero su respiración se acelera. Sus manos aprietan los muslos de Sara) ¿Estás bromeando? ¿Quieres dejar el trabajo? ¿O qué quieres hacer?
Sara Quiero más de ese veneno. Quiero que me vean en el escenario. Quiero pasar de mesera a bailarina. Incluso... dar servicios sexuales en ese lugar. Quiero experimentar esa lujuria de los extraños, Javier. Por el morbo de la transgresión, sabiendo que tú eres la única verdad que tengo.
Javier (La agarra firmemente de las caderas) ¡Estás loca, Sara! ¡No! Olvídalo. Eres mi esposa. No vas a exponer tu cuerpo de esa forma.
Sara Shhh. (Besa su boca, profundizando el contacto) Por favor... Solo si tú estás allí. Déjame hacerlo. Déjame sentir esa mirada, ese deseo de otros, sabiendo que tú estás en la barra. Es la única manera en que me atrevería. Es nuestra fantasía. Por favor, di que sí.
Javier (Suspira, vencido por la excitación y la urgencia de ella) Maldita sea, Sara... Solo si yo estoy allí. Me lo prometes. Vas a hacer lo que quieras con ellos, pero solo si estoy en el bar, viéndote, como un cliente más. ¿Entendido?
Sara (Sonríe con triunfo y alivio) Entendido. Gracias, mi amor. Mañana mismo hablo con Ricardo.
Capitulo 8 Cambio de planes
Sara Hola, Ricardo. ¿Puedo hablar contigo sobre un cambio en mi puesto?
Ricardo (Respuesta rápida) Sara, a estas horas, una llamada es mejor. ¿Qué pasa? ¿Los clientes te abrumaron?
Sara Al contrario. Los clientes me encendieron. Quiero dejar de ser mesera. Quiero subir al escenario y, sí, también quiero empezar a atender a los clientes en los reservados. Quiero el servicio completo.
Ricardo (Envía un emoji de gafas de sol y una sonrisa) Lo sabía. Sabía que tenías esa energía. Bienvenida al lado divertido, Sara. Pero... ¿recuerdas tu prueba para ser mesera?
Sara ¿Mi prueba? Sí, el uniforme...
Ricardo Exacto. Para este nuevo puesto, hay otra prueba. Una más grande. Y más personal.
Sara (Escribiendo con nerviosismo y excitación) ¿Cuál es, Ricardo? Dime. ¿Qué tengo que hacer?
Ricardo Tengo una fiesta privada esta noche. Yo y unos amigos. Necesito que vengas, nos hagas un baile privado a todos y ofrezcas tus servicios sin costo alguno. Es solo para ver si estás preparada para lo que esto implica. ¿Estás lista para debutar así?
Sara (Su corazón late con fuerza. La idea la excita terriblemente) Dios, Ricardo... eso es muy... Yo quiero hacerlo. ¡Quiero! Pero... es un paso muy grande. Necesito hablarlo con mi esposo.
Ricardo (Reta su límite) Vaya. Me temo que el juego del morbo te está quedando corto, Sara. La oferta expira en una hora. La fiesta es en unas horas y necesito saber si cuento con mi nueva chica estrella. ¿Sí o no?
Sara (Respira profundamente, la presión la enciende) Dame 45 minutos. Te confirmo antes de que se acabe la hora.
Sara (Gira el teléfono para que Javier lea el último mensaje de Ricardo, su voz temblando ligeramente) Javier... mira. Necesito tu ayuda. Ricardo me puso una prueba de fuego para dejar de ser mesera.
Javier (Lee el mensaje con calma. Su respiración se vuelve más profunda mientras procesa la idea: baile privado, servicios sin costo, con Ricardo y sus amigos.) Una fiesta privada... ¿quiere que te entregues gratis para ver si estás 'lista'?
Sara (Se acurruca en su pecho, buscando su apoyo, pero su deseo es claro) Sí. Es descarado, lo sé. Pero... (Levanta la cabeza, sus ojos están llenos de súplica y excitación) Lo deseo, Javier. Este miedo, esta prueba, es lo que hace que todo sea real. Pero no puedo ir sola. No sé cómo reaccionarías.
Javier (Acaricia su rostro. Se da cuenta de la luz renovada en los ojos de Sara, esa audacia que había extrañado) Hace tiempo que no te veía tan viva, Sara. Te enciende la transgresión y te enciende que yo te dé permiso para cruzar esa línea.
Javier (Se acerca a su oído, su voz es grave y firme, asumiendo su rol de controlador de la fantasía) Lo harás. Vas a ir a esa fiesta. Pero con mis reglas. Yo te acompaño. Voy como un invitado más, como un amigo de Ricardo o un cliente de última hora. Y me verás actuar como tal. Nadie sabrá que eres mi esposa. Serás solo 'La Mesera Sexy' en su prueba.
Sara (Sus ojos se abren con asombro y una excitación total. La idea de que su esposo la vea debutar para otros es el pico de su fantasía) ¿Harías eso por mí? ¿Me verías... bailar y tocar a otros?
Javier Si quieres jugar a ser la mujer libre y deseada, yo jugaré a ser el desconocido que te consume con la mirada. Pero a la hora que yo diga, te vienes conmigo. ¿Le dices a Ricardo que vamos?
Sara (Toma el teléfono con manos temblorosas y comienza a escribir el mensaje a Ricardo) Le digo que sí. Y le pregunto si puedo llevar un acompañante, que 'uno de mis clientes más generosos me ha rogado que lo lleve'.
Sara Ricardo. La respuesta es SÍ. Acepto la prueba. Me haré cargo de la fiesta y de lo que me pidas.
Ricardo (Respuesta inmediata) ¡Esa es mi chica, Sara! Sabía que tenías sangre caliente. Te enviaré la dirección, es un lugar privado. Tráete el uniforme.
Sara Perfecto. Y una cosa más, Ricardo. ¿Puedo llevar un acompañante? No le he dicho nada sobre la fiesta, pero uno de mis clientes más generosos del bar me ha rogado que le dé un poco de mi tiempo. Le dije que tengo un debut importante hoy, y se puso muy insistente.
Ricardo (Envía un emoji de dinero volando) Veo que has aprendido rápido, Sara. Sabes usar tu atractivo. Bien. Un cliente más, un ingreso más tarde. Pero que se quede claro: tú estás aquí por la prueba. Él es solo tu sombra. Nos vemos a las 9 p.m.
Sara Entendido. No se arrepentirá. Allí estaremos.
Capitulo 9 la Fiesta privada
Sara entra al salón de la mano de Javier. Se siente poderosa por la presencia de su esposo, pero aterrada por el paso que está a punto de dar. Ricardo avanza hacia ellos, con una copa en la mano.
Ricardo (Le da una mirada rápida a Javier, casi ignorándolo) Llegaste, Sara. Justo a tiempo. Mis amigos ya están ansiosos. Les he dicho que eres la nueva joya de 'El Edén', que eres sumisa y que estás dispuesta a complacerlos a todos esta noche.
Javier (Extiende la mano para presentarse, actuando como el cliente) Buenas noches, soy...
Ricardo (Ignora la mano de Javier. Le pasa el brazo por la cintura a Sara, pegándola a él, y se dirige a sus amigos) Caballeros, dejen sus tragos. Les presento a Sara. La chica que nos va a demostrar que el morbo vale más que el dinero.
Ricardo acerca su rostro al de Sara y le planta un beso largo y profundo en la boca. Sara, rendida a la transgresión, le corresponde con una intensidad que sorprende incluso a Ricardo.
Ricardo (Satisfecho, la toma de la mano y comienza a llevarla por la sala) Ven, Sara. Te voy a presentar a tus fans. Aquí no hay reglas, sólo placer.
Ricardo lleva a Sara ante el primer hombre.
Ricardo Él es Marcos. Un amigo muy generoso. Salúdalo como se debe, Sara.
Marcos le sonríe con malicia, toma a Sara por la barbilla y la besa directamente en la boca. Luego, desliza su mano por la espalda de ella, dándole un apretón descarado en un glúteo antes de soltarla. Sara se sonroja, pero una oleada de excitación la recorre.
Sara (Jadeando ligeramente) Un placer, Marcos.
Ricardo la arrastra hasta el siguiente hombre, que la recibe con una mirada lasciva.
Ricardo Este es Luis. Es tímido, pero le gustan las mujeres atrevidas. Luis, ella es toda tuya por un momento.
Luis, menos sutil, la abraza inmediatamente, besándola en el cuello y deslizando la mano bajo el uniforme por un instante, rozando su muslo. Sara se estremece. Mira a Javier, que está apoyado en la pared con los puños cerrados.
Javier (Susurrando, pero solo para sí mismo) Juega, Sara. Es solo un juego.
Ricardo (Vuelve a tomar a Sara del brazo, ignorando la tensión) Y él es Roberto. Es nuestro anfitrión. Y no le gusta esperar.
Roberto le da un beso lento y posesivo. Luego, le susurra algo indecente al oído que hace reír a Sara nerviosamente. La posesión de los hombres es total.
Ricardo (Vuelve a tomar el centro de la sala) Bien, Sara. Es hora de que les demuestres a estos hombres de qué estás hecha. Quítate esa ropa y muéstrales por qué eres la Mesera Sexy. La música es tuya.
Sara se muerde el labio. Siente el temblor de la adrenalina. La música la envuelve y comienza a moverse con sensualidad, lenta y conscientemente. Su mirada se dirige al rincón donde está Javier, para asegurarse de que él está viendo cada movimiento.
Ricardo (Gritando sobre la música) ¡Vamos, Sara! ¡Demuéstrales por qué cambiaste la charola por el escenario!
Sara obedece. Se desabrocha los tirantes del uniforme de mesera y deja que caiga al suelo, quedando en un conjunto de lencería mínima. Comienza a bailar, acercándose primero a Marcos.
Marcos (Acercando su mano al abdomen de Sara) Eres mucho mejor que las profesionales, Sara. Tienes ese fuego de mujer prohibida. ¿Te excita que te veamos así?
Sara (Bailando pegada a su cara, con una sonrisa descarada) Me excita que ustedes no pueden quitarme los ojos de encima. Si me tocan, al menos que valga la pena.
Marcos ríe, aprieta la cadera de Sara y le pone un billete grande en la liguera de su muslo. Sara se aleja, girando hacia Luis.
Luis (Más atrevido ahora, con la voz grave) Esa lencería te queda mejor en el suelo, preciosa. Te juro que si me la quitas yo mismo, te pondría una marca para que todos supieran que eres mía.
Sara (Bailando, se inclina sobre él, permitiendo que sus pechos rocen su rostro) Tendrías que ser un hombre muy, muy persuasivo, Luis. Pero si quieres una marca, ven por ella.
Luis le desliza la mano por la espalda, Sara se estremece de placer al sentir la transgresión. Se dirige a Roberto, el anfitrión, que está sentado como un rey.
Roberto (Su tono es posesivo) Baila para mí, Sara. Mírame a los ojos. Dime algo sucio que le harías a tu esposo si no te estuviera viendo ahora mismo.
Sara (Se arrodilla frente a él, mirándolo profundamente) Le diría que esta noche, soy la puta de mis fantasías. Y que no voy a parar hasta que usted y sus amigos me dejen sin aliento. ¿Qué quiere que me quite ahora?
Roberto, excitado al máximo, le toma la cabeza y la besa con brutalidad. Sara le corresponde, sintiéndose completamente en su nuevo personaje. En ese momento, Sara busca a Javier con la mirada. Javier está apoyado en la pared, con los ojos oscuros y la respiración agitada. Ella le dedica una sonrisa triunfal.
Ricardo (Aplaude, acercándose) ¡Suficiente, caballeros! Ya vieron que Sara está lista para el servicio. La prueba ha terminado. Sara, pasa conmigo a la habitación. Tenemos que acordar tu primer cliente.
Sara se levanta de rodillas, sintiéndose poderosa. Mira a Ricardo, quien le hace una seña para que continúe bailando. Ella se mueve con una sensualidad desenfrenada, acercándose a él.
Ricardo (Grita sobre la música) ¡Eso es! ¡Tráeme ese fuego, Sara!
Sara se acerca a Ricardo. En un momento de cercanía, él se inclina hacia ella.
Ricardo (Le susurra al oído con malicia) ¿De verdad creíste que no reconocí a tu esposo en cuanto entró? Lo vi. Es el hombre del rincón. Me excita que esté viendo esto.
Ricardo (La empuja suavemente en dirección a Javier) Ahora ve. Acércate a él. Y dile en voz alta lo mismo que le dijiste a Roberto, pero míralo a los ojos mientras lo haces.
Sara se estremece. Este es el pico de la transgresión. Se dirige lentamente hacia Javier, sin dejar de bailar, desnudándolo con la mirada. Javier está apoyado en la pared, con los ojos inyectados en sangre, completamente excitado por la humillación.
Sara (Baila justo frente a Javier, susurrando con una voz gutural y vulgar) Mírate, Javier. Mírame. Esta noche, no soy tu esposa. Soy la puta de mis fantasías. Y seré de todos ellos, uno por uno, hasta que me dejen sin aliento y hasta el cansancio. Y no hay vuelta atrás.
Sara se aleja de Javier, quien se desliza de la pared con la respiración entrecortada. El mensaje ha sido entregado. Ella se dirige de nuevo a Ricardo, sintiéndose victoriosa.
Sara (Llega a Ricardo y, sin dudar, le planta un beso largo, crudo y lleno de la energía de la noche)
Ricardo (La agarra de la cintura, satisfecho. La música se detiene abruptamente. Se dirige a los invitados) ¡Suficiente! Caballeros, la prueba ha terminado. Ya vieron que Sara es la nueva dueña de este lugar. Entren todos a la habitación, la fiesta continúa allí.
Ricardo se dirige a Sara, deteniéndola un momento.
Ricardo Tú, Sara, ven conmigo. Tengo un regalo especial para mi nueva chica estrella.
Ricardo la lleva a un rincón, saca una caja. Dentro hay un conjunto de lencería aún más diminuto, un collar de cuero ajustado y una cadena a juego.
Ricardo Cámbiate. Esto es lo que usarás de ahora en adelante. El uniforme de la mesera se queda en el pasado. Eres nuestra. Y la cadena te lo recordará. Bienvenida al Edén, mi esclava.
Ricardo (Toma el extremo de la cadena atada al collar de Sara) Tú, Sara, ven conmigo. Tengo un regalo especial para mi nueva chica estrella.
Ricardo le entrega la caja con la lencería y el collar. Sara, completamente entregada a la euforia de la excitación, se cambia rápidamente. Regresa con la cadena al cuello, sintiendo un placer absoluto en su nueva sumisión.
Ricardo (Mira a Sara con total posesión) Ahora, tienes una última tarea antes de que empieces a trabajar. Ve por tu esposo. Él te debe entregar. Es la tradición.
Ricardo le da la cadena a Sara. Ella avanza hacia Javier, que está apoyado en el rincón. Ya no hay titubeo, solo deseo puro. Javier, al verla encadenada, siente que la fantasía lo consume por completo.
Sara (Llega frente a Javier, toma su mano y le da un beso posesivo en la boca, su voz es baja y vulgar) Mírame, Javier. Estoy encadenada. Estoy lista para ser de ellos. Entrégame a mis amantes y a mi placer. Tira de la cadena, esposo. Es tu último acto de posesión.
Javier (Sus ojos brillan con una lujuria incontrolable. Obedece, tomando la cadena con fuerza y tirando de ella, guiando a Sara hacia Ricardo y el resto de los hombres) Vamos. Eres suya.
Javier conduce a Sara, que camina sumisamente por la cadena, de vuelta al centro del salón. Los invitados esperan junto a la puerta de la habitación.
Ricardo (Sonriendo con triunfo al ver a Sara encadenada, entregada por su propio esposo. Se dirige a sus amigos) Caballeros, así es como se pervierte a una mujer casada. Sara ha aceptado su destino.
Ricardo (Le quita la cadena de las manos a Javier, cerrando el ciclo de posesión) Ahora, Javier. Entra. Hay un asiento reservado para ti. Vas a ver cómo disfrutamos de tu esposa. Es tu pago por haberla traído.
Javier entra a la habitación, tomando su lugar. Ricardo sostiene la cadena de Sara, guiándola hacia el grupo de hombres.
Sara (Completamente desinhibida y dominada por el deseo, se arrodilla sin que nadie se lo pida, mirando a todos los hombres con excitación) Estoy lista. Empiecen conmigo. Soy suya.
Sara se arrodilla en el centro de la habitación. El juego ha terminado. La fantasía ha comenzado.
Ricardo (Le da a Sara una copa de champán, mirando a Javier) Sara. Acércate. Los chicos han tenido que irse, pero ha sido un debut inolvidable. Y tú tienes un cliente que te está esperando para despedirse.
Ricardo (Toma suavemente la cadena del collar de Sara, y se la entrega a ella) Ve. Despídete de tu marido. El resto de la noche y el resto del día, eres solo mía.
Sara, con un brillo de extenuación y placer en sus ojos, camina con el vaso hacia Javier. Él se levanta al verla, su rostro es una mezcla de agotamiento emocional y una profunda excitación.
Sara (Le entrega el vaso a Javier) Tu última bebida, amor. Ricardo me quiere para él un poco más. Pero no te preocupes, hice todo lo que me pediste. Fui tu fantasía.
Javier (Toma el vaso, sus manos rozan las de Sara, un contacto que se siente íntimo y extraño) Lo vi, Sara. Lo vi todo. Fuiste... perfecta. Eres una reina. (Mira a Ricardo y asiente con la cabeza, aceptando su nuevo rol) Te esperaré en casa. Disfruta el resto de tu noche... con tu jefe.
Javier le da un beso casto en la frente a Sara, toma las llaves y se retira sin mirar atrás, dejando a Sara completamente en manos de Ricardo.
Ricardo (Se acerca a Sara, la abraza por la espalda y le susurra al oído) Qué buen chico. Ahora, mi Reina. Aún nos queda la mañana para jugar.
Horas después, a media mañana, Ricardo lleva a Sara de regreso a su casa. El silencio en el coche es de placer compartido.
Ricardo (Detiene el coche frente a la casa de Sara) Tuviste un debut magnífico. Me hiciste ganar mucho dinero y te ganaste tu puesto. Ahora, descansa. Y dile a tu esposo que la fantasía apenas comienza.
Sara (Le da un último beso, saboreando el riesgo) Le diré. ¿Cuándo empiezo a trabajar formalmente?
Ricardo El bar abre el próximo fin de semana. Estate lista para entonces. Tu uniforme de mesera ha muerto. Ahora eres la estrella. Te llamo. Ve con tu marido.
Sara baja del coche y entra a su casa. El ciclo de la transgresión se ha cerrado, y el nuevo juego ha comenzado.

